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Héroes sin capa

Miriam Olivera | Brijeman.com

No es un simple juego, no son sólo hombres corriendo detrás de un balón, no es sólo fútbol, son lecciones de vida, son historias inspiradoras, son grandes enseñanzas. Como dijo una vez Nelson Mandela, “El deporte tiene el poder de inspirar. Tiene el poder de unir a la gente como pocas cosas lo tienen. El deporte puede crear esperanza donde alguna vez hubo solo desesperanza”, y cómo dudar de sus palabras si Oaxaca ya lo experimentó en carne propia.

Sábado 2 de diciembre de 2017, a más de dos mil kilómetros de distancia, en una final cardiaca, Alebrijes se proclamó campeón en la Liga de Ascenso. Levantaron su primer trofeo en el estadio olímpico Benito Juárez, mismo nombre que llevaba aquél recinto donde comenzó la historia de este joven cuadro. En el sur, Oaxaca celebró, su afición salió a las calles y las inundó con alegría, esa que por tanto tiempo estuvo guardada.

Esta fecha quedará en la memoria de muchos por un largo tiempo, los pupilos de Irving Rubirosa dieron otra noche mágica, otra hazaña de las que sólo esta escuadra sabe hacer. Cuando todo parecía perdido siguieron luchando como si el marcador y el reloj no estuviera en su contra, cansados por el esfuerzo realizado nunca bajaron los brazos, sacaron fuerzas de donde parecía ya no haber y lograron el empate, hicieron lo que parecía imposible, obligar a que el campeón del Apertura 2017 se definiera en penales. Desde los once pasos los encargados de cobrar no erraron, y bajo los tres postes, Édgar Hernández acabó convertido en héroe.

Meses atrás, cuando su presidente, Santiago San Román se presentó ante los medios para hablar del torneo por venir y los refuerzos, sin titubear dijo; “este equipo está conformado para ser campeón”, y aseguró que lo que distinguía a este cuadro lleno de caras nuevas, eran la sed de revancha y el hambre de triunfo. El tiempo le dio la razón, los jugadores y Cuerpo Técnico respondieron en la cancha, se ahorraron los discursos y demostraron con hechos que habían llegado decididos a pelear por todo y el estadio del Instituto Tecnológico de Oaxaca fue testigo de ello.

En aquella ocasión Santiago dijo también que Édgar Hernández y Rodrigo Noya, los hombres de experiencia, serían los encargados de llevar a los jóvenes, y lo hicieron como los grandes, no sólo plantándose seguros en su posición para desde ahí dar confianza al resto del grupo sino convirtiéndose en pieza clave para el equipo, y respondiendo en los momentos más importantes.

Línea por línea, Alebrijes contó siempre con once guerreros dispuestos a dejar el alma en la cancha, y en banca tuvo a jugadores listos para explotar al máximo sus capacidades cuando fueran requeridos, pero el mérito es de igual manera para quienes aún aguardan su momento de brillar.

Ese trofeo también es para quienes ya no están, para los que sentaron las bases, para los que acostumbraron a la afición a tener un cuadro dispuesto a sudar la camiseta y pelear hasta el silbatazo final sin importar el rival o el marcador, para los que amaron a Oaxaca, para los que se fueron anhelando algún día volver a vestir estos colores, para los que lograron las primeras hazañas.

Y claro, para la afición, la que ha estado en las malas y también en las buenas. La que a pesar de las rachas negativas confió plenamente en que al final, saldrían bien librados. La que el miércoles alentó con la esperanza de que toda esa energía viajara con ellos, y les diera fuerza para volver a casa bañados de gloria y festejar juntos un triunfo histórico. La que por la distancia o falta de recursos se las ingenia para seguirles los pasos desde donde sea que se encuentren. La que el domingo aguardó por varias horas en el aeropuerto, el Llano y el estadio para hacerles saber que nunca estuvieron solos, y que a la distancia sufrieron, lloraron y gritaron de felicidad igual que ellos.

Después de tremenda hazaña hay quienes insisten en demeritarlos, los que le buscan un pero a todo, los que dicen que el futbol no es más que un distractor, los que hacen menos a quienes disfrutan de este deporte o lo practican, pero qué van a saber ellos de felicidad, qué van a entender de disfrutar los pequeños momentos, esos como los que vivieron todos los desconocidos que rieron y bromearon juntos para hacer la espera más ligera en el Llano, qué van a saber ellos de sentir la piel chinita al escuchar a quienes se fundieron en una sola voz para celebrar a sus jugadores… ¡Oe, oe, oe, campeón, campeón!.

Qué van a saber de derramar lágrimas de felicidad al haber sido testigo de una proeza, qué van a saber de sentir el corazón feliz por haber visto a su equipo luchar hasta el final. Qué van a saber de estimar a alguien por el simple hecho de representar a tu estado.

Que es sólo un juego, dicen… que se lo expliquen a ellos, los protagonistas, los que han tenido que hacer sacrificios constantemente, los que tuvieron que dejar la comodidad de un hogar para ir en busca de su sueño,  a los que pelearon sabiendo que desde arriba alguien celebraría con ellos, a los que llegaron buscando una oportunidad y se lucieron, a los que volvieron convencidos de que su tiempo aquí aún no había terminado, a los que empujados por la pasión y con el corazón por delante consiguieron lo imposible.

No Oaxaca, no dejes ahora que los aguafiestas de siempre te roben la felicidad y te amarguen los buenos momentos, lo que Alebrijes consiguió no es poca cosa, es un paso importante, este equipo hizo historia, este plantel por el que muchos no apostaban dejó en el camino a rivales difíciles, vino de atrás para demostrar que a este cuadro nunca hay que darlo por muerto si antes no le permitieron luchar, después habrá tiempo para pensar en el futuro y lo que aún falta, por ahora… “campeón hay uno solo, se llama Alebrijes, de Oaxaca es campeón!

One comment

  1. Eres sensacional, escribes increíble y tienes toda la razón. Te felicito y nos llegaste al tuétano con tus palabras, a todos los que amamos a Oaxaca y a los Alebrijes y también a los que no.

    No se quién eres pero sigue como vas y serás aún más grande.

    Te mando un abrazo.

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