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El día que Alebrijes se vistió de Oaxaca

“El deporte tiene el poder de inspirar. Tiene el poder de unir a la gente como pocas cosas lo tienen.”, esta frase del gran Nelson Mandela describe perfecto lo que se vivió este sábado en Oaxaca, 13 mil 337 personas se unieron en una sola voz…¡Alebrijes, Alebrijes, Alebrijes!.
La frase; de corazón oaxaqueño nunca se había sentido tanto. Saltaron a la cancha con los nombres de 18 municipios en sus espaldas, se apropiaron de ellos, los defendieron hasta el último momento y sudaron la camiseta por su estado adoptivo, por su casa.

Estoy segura que ese 30 de septiembre quedará en la memoria de todos los que estuvieron ahí. Oaxaca necesitaba un respiro, necesitábamos al menos por 90 minutos olvidarnos de todo. Y lo lograron, tal vez el estratega dio un discurso memorable en el vestidor, quizá el Presidente les hizo entender lo que significaba ese partido, o fueron sus ganas de regresar a la senda del triunfo y mantenerse en zona de Liguilla, o a lo mejor todo. Al final, antes que futbolistas son seres humanos e igual que a nosotros les tocó vivir los minutos más aterradores de su existencia, temieron por su vida, se preocuparon por su familia, pensaron que no habría más tiempo… y están aquí, estamos aquí, y ese partido fue la oportunidad de desahogar todo, de gritarle al resto del país que Oaxaca también es México, de celebrar un día más, de festejar la unión, de homenajear la fortaleza de quienes a pesar de haberlo perdido todo, siguen enteros y con la firme convicción de salir adelante, de decirle al resto de la nación que somos más que todo lo malo que hablan quienes nunca se han enamorado de este bello estado.

El ambiente no pudo haber sido mejor, aunque el pronóstico y el cielo decían que caería una fuerte lluvia, nunca llegó. El minuto de silencio esta vez no fue interrumpido por nada. Qué bonito ver a los asistentes de pie para cantar a todo pulmón el himno nacional, y si lo dudan, basta con preguntarle a quienes sabían que ese momento era especial y decidieron grabarlo. Una afición que desde el principio alentó con todo, que se mostró inconforme con decisiones arbitrales y que festejó esos goles como si se tratara de una final, seguro a más de uno se le puso la piel chinita y es que ese once recordaba a aquél equipo que hace un par de años arrancó su historia en la Liga de Ascenso ganando en su primer partido disputado en el estadio Benito Juárez. Ese plantel que llegó con muchos jóvenes con hambre de trascender, con ganas de demostrar que hay excelentes jugadores mexicanos y que nada está escrito, al final lo más importante, como dicen ellos, es nunca bajar los brazos. Con esa filosofía, ese grupo de “desconocidos” asombró a propios y extraños por jugarle de tú a tú a los de Primera, con su trabajo en la cancha enseñaron que no hay que darlos por muertos antes de permitirles luchar, basta con recordar las actuaciones ante los Gallos y Pachuca, o su primera final de Copa enfrentando a los Tigres, que más allá del resultado les hizo ganar el reconocimiento por haber sido un digno rival.

Si a algún jugador del actual plantel le quedaba la mínima duda de que estaba en el lugar correcto, espero que después del sábado haya desaparecido. Forman parte de un equipo que sigue haciendo historia, su Directiva tomó la inteligente decisión de regalar los boletos de ese encuentro y la afición llegó, se entregó y el sábado el estadio se convirtió en una fortaleza, y esa energía contagió a todos.

Al medio tiempo los asistentes se divirtieron haciendo la ola para terminar aplaudiendo a los niños y jóvenes que con la presentación de “Oaxaca de mis amores”, tocaron las fibras más sensibles… claro, nada nos emociona y enorgullece más que nuestra música y tradiciones. El final no pudo haber sido mejor, 18 aficionados tendrán para la posteridad un recuerdo de ese día, un recordatorio de que un 30 de septiembre, Alebrijes fue Oaxaca, la prueba de que 18 guerreros salieron a la cancha dispuestos a entregarlo todo por su gente.

Ojalá este día también haya significado algo importante en la vida de los jugadores y lleguen a querer tanto a Oaxaca como quien un día tuvo que salir de aquí anhelando volver… deseo que en un futuro recuerden con cariño este rincón de sueños y flores, espero que su corazón lata fuerte cada vez que escuchen; ¡oh tierra del sol suspiro por verte!, como lo hace el de cualquier oaxaqueño que añora su tierra.

 MIRIAM OLIVERA

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